El comienzo de la nueva normalidad en el país nos plantea los desafíos que como sociedad debemos enfrentar para adaptarnos a esta etapa, conviviendo con un virus que no desaprovecha oportunidad para multiplicarse. Tanto el Gobierno como las autoridades locales llevan meses diciéndonos que debemos continuar actividades en medio de la pandemia, en un marco de autocuidado y responsabilidad, pero este cambio de circunstancias también nos hace reflexionar sobre cómo serán, y cómo deberían ser, los modelos de educación, salud, movilidad y otros. La nueva normalidad trae consigo un debate que por mucho tiempo se ha aplazado y merece toda la atención por los actores que involucra y por los empleos que genera: el funcionamiento de las plataformas digitales.

El delivery demostró en los primeros meses de la pandemia su importancia para el abastecimiento de la población mitigando los riesgos de contagio. Gracias a los mensajeros pudimos tener alimentos frescos y rápidamente en nuestras casas. Pero la misma empatía que tuvimos por este sector debería aplicar para la economía colaborativa y las plataformas de movilidad. El cómo nos desplazaremos en medio de una pandemia debe ser un punto de reflexión importante.

El miedo al contagio y la prevención del mismo ha hecho que los ciudadanos opten por alternativas de movilidad como taxis, motos, carros particulares, bicicletas y hasta patinetas, pues hoy sabemos que en espacios cerrados existe mayor riesgo de contagio, lo que nos hace pensar cómo nos movilizaremos durante la pandemia. La alcaldesa de Bogotá anunció que el Sistema Integrado de Transporte Público ampliará su capacidad al 50 %. Esto quiere decir que, a lo largo del día, la ocupación del sistema no puede ser mayor a la mitad, pero no establece un número específico de pasajeros.

Según Transmilenio, en un día hábil antes de la pandemia se movilizaban en promedio 1’450.000 usuarios en el componente Zonal, 2’500.000 en el Troncal y 25.000 en Transmicable. Ahora, los mismos pasajeros deberán usar este servicio, pero a distintas horas para no colapsar la capacidad permitida.

A pesar de medidas como el distanciamiento físico y el uso de tapabocas, sigue siendo un riesgo, pues el volumen de pasajeros es alto y no todos guardarán silencio, como se ha recomendado. Es por esto que las alternativas de movilidad, que no son recientes en el país, son claves para reactivar otro sector de la economía y brindar confianza a los ciudadanos que, aún temerosos, deben volver a sus trabajos.

¿Por qué insistimos en evitar a toda costa los modelos de arrendamiento de vehículos e intermediación? Un país que ha hecho apuestas enormes en conectividad y en emprendimiento no debería estancarse en concentrar el poder del transporte público y que se desconozcan los nuevos negocios de movilidad y sobre todo el nuevo modelo de vida que han adoptado los colombianos gracias a las facilidades de la tecnología.

Las plataformas necesitan ser reguladas para prestar un mejor servicio, para que quienes obtienen ingresos para sus hogares a través de ellas salgan de la incertidumbre sobre su futuro económico y para que quienes las usan sepan si podrán elegir libremente otra opción de servicio.

La discusión hay que darla ya. Los empresarios taxistas han amenazado una vez más con un gran paro si no se archivan los proyectos. Sus intereses no pueden tener en vilo a gran parte del país que percibe ingresos y se moviliza a través de las plataformas. Necesitamos actualizar una normatividad con más de 30 años de antigüedad, pero, sobre todo, los ciudadanos necesitan saber si Colombia es un país que respeta o no la libertad de decidir.

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